La
verdadera osadía en los MASC no consiste en resolver todos los
problemas de quienes acuden a la mediación o la conciliación, sino en mantener
la empatía sin perder la objetividad. Un mediador escucha, comprende y guía,
pero reconoce que cada persona es responsable de sus propias decisiones, y de su
propio proceso de cambio. Ayudar no significa asumir el peso emocional del
otro.
La canción "Osadía de Cristian Castro y Eden Muñoz", puede
verse como una metáfora del trabajo que realizan los facilitadores en los
Medios Alternos de Solución de Conflictos. Así como se menciona en la canción, alguien que entrega tanto de sí para sanar a otra persona que corre el riesgo
de olvidarse de sí mismo, en los MASC, el facilitador acompaña a las partes
para que encuentren sus propias soluciones, pero no debe cargar con el
conflicto ajeno ni sacrificar su propio bienestar emocional. Su función no es
"salvar" a las personas, sino crear las condiciones para que ellas mismas
construyan acuerdos.
La
canción también recuerda que no todas las personas agradecerán la ayuda
recibida. En los MASC ocurre algo similar: el éxito del facilitador no debe
medirse por el reconocimiento de las partes, sino por haber actuado con profesionalismo,
imparcialidad y respeto. La satisfacción proviene de haber brindado un espacio
seguro para el diálogo, aunque hay personas que nunca expresen gratitud.
El facilitador en los MASC es como
alguien que ofrece una lámpara para iluminar el camino, pero no puede recorrer
el camino por los demás, ni apagar su propia luz para que otros brillen, ya que
terminaría devastado. Es por ello la importancia del equilibrio
entre la vocación de ayudar, y el cuidar la propia salud emocional. Respetar la
autonomía de las personas involucradas en el conflicto.
En los Medios Alternos de Solución de
Conflictos (MASC), se manejan mucho las emociones y en
ocasiones es inevitable no sentir, y es justo ahí, donde se encuentra la
"osadía" de acompañar a las personas en sus conflictos con empatía y
compromiso, pero también la prudencia de reconocer que el facilitador no puede
resolver la vida de los demás, ni sacrificar su propio equilibrio emocional. La
verdadera valentía consiste en ayudar sin perder de vista los propios límites,
y la responsabilidad que cada persona tiene sobre sus propias decisiones.
Es de valientes tomar
distancia de un asunto y de las personas involucradas, cuando consideras que este puede superar tus propios límites.

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